El Latín,patrimonio vivo del género humano,nuestra lengua común
El latín ha representado durante los últimos tres mil años la más genuina expresión de nuestra civilización, ya que no sólo fue la lengua de nuestros mayores romanos, como Plauto y Terencio, Cicerón o Virgilio, Séneca y Plinio, además de Estacio y Quintiliano, Marcial o Tácito, Suetonio y Gelio, o, posteriormente, Ausonio y Claudiano, Amiano Marcelino, Ambrosio o Agustín; sino que, a través de escritores como Boecio y Casiodoro, Gregorio de Tours e Isidoro de Sevilla, el latín consiguió sobrevivir definitivamente a la caída del imperio romano.
La lengua de Roma siguió viva durante toda la Edad Media, como lengua del derecho, de la filosofía y de la teología, con su cumbre en Tomás de Aquino, y resurgió con nueva fuerza en el Renacimiento, de la mano del extraordinario florecimiento de las artes y de las ciencias, como vehículo de comunicación entre todas las naciones de la tierra, con lumbreras tan dispares como el holandés Erasmo, el polaco Copérnico, el francés Descartes, el inglés Newton, el alemán Leibniz o el sueco Lineo, unidos, todos ellos, por nuestra común lengua latina.
A pesar de la riqueza de nuestra cultura milenaria, mucha gente, desposeída de sus raíces por los turbulentos acontecimientos y mezquinas ideologías de los últimos dos siglos, e ignara de su lugar en la historia, cree en nuestros días que la lengua latina murió con los últimos romanos. Corregir este error y restituirle a nuestra sociedad su patrimonio cultural es el propósito de la Schola Latina Universalis.
El aprendizaje del latín
Como hemos explicado más arriba, un número de personas cada vez mayor en nuestros días no ha tenido contacto previo con la lengua latina durante su educación; y, de entre los que han tenido el latín como asignatura anteriormente, la mayoría han terminado odiándolo, olvidándolo, o ambas cosas. Esto no resulta sorprendente, y no debería conducirnos a sacar conclusiones equivocadas.
En primer lugar, es imposible aprender nada sin motivación, y a los adolescentes a los que normalmente se somete al estudio del latín rara vez se les hace sentir el propósito de semejante empresa. Tras la desaparición del latín de la vida pública, incluso en el seno de la iglesia católica, uno de los últimos bastiones de la latinidad, los profesores y los catedráticos de latín, que suelen flotar en el limbo moral y la ignorancia y superficialidad dominantes en nuestro tiempo, y son demasiado pusilánimes para mostrar abiertamente respaldo a ningún conjunto de ideales que les implique y que pueda atraer a los estudiantes a la lengua, resultan incapaces de encontrar motivación en sí mismos y de motivar a sus alumnos a entregarse a los tesoros de nuestro patrimonio cultural.
En segundo lugar, la metodología didáctica se hace tan innecesariamente árida que es un milagro si hay alguien que aprenda algo en absoluto. Los profesores han sido tan condicionados —y condicionan a sus alumnos— a considerar el latín como una lengua muerta que ninguno de ellos es capaz de darse cuenta de que el aprendizaje de lenguas es una capacidad innata de los seres humanos, que debería ser absolutamente natural y fácil tan sólo con que se enseñara la lengua de manera natural, es decir usándola activamente, escuchándola y hablándola, como todas las demás lenguas que la gente efectivamente aprende con normalidad. Se empecinan en intentar enseñar la lengua latina a contrapelo de cualquier aprendizaje de lenguas, y evidentemente fracasan.
La lengua latina puede aprenderse de manera más agradable y eficaz, y profesores motivados y con amplia experiencia la enseñan de este modo aquí, en la Schola Latina Universalis, a quien la quiera aprender. Se insta encarecidamente a todos los interesados a que se matriculen en uno de nuestros cursos.

Antonio Builes dijo
Como donde me matriculo
gracias.
9 Diciembre 2006 | 02:16 AM